2 de junio de 2007

MISERIA

Con el corazón sangrando me pedías que no te dejara. Me rogabas porque no te quite la vida de éste modo tan cruel... me llorabas ríos de sangre y suplicabas piedad de lo que parecía ser una piedra...
Todo moría en esa tarde. Todo se desmoronaba y se perdía al final del precipicio de la distancia y el abandono.
Cada lagrima que caía de tu mirada era un puñal que se clavaba en mi moribunda alma de suicida, alma enferma de suicida.
Nunca volví a sufrir semejante dolor como la vez que terminé lo nuestro. Nunca.
Lo lamento; quisiera haber sido lo que mereces.


Siempre te extrañaré.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

No te desesperes hermano, mujeres hay muchas. Un dia te vas a dar vuelta y vas a decir..."que boludo que fui". Un abrazo.

 
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